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¿Cuánto aguanta de verdad una estación de energía con un frigorífico?

Vatios hora aprovechables divididos entre el consumo medio. Los vatios hora aprovechables son menos que los de la caja, porque convertir la corriente continua guardada en los 230 V del enchufe cuesta energía. Y el consumo medio es menor que la potencia de funcionamiento siempre que el aparato arranque y pare, como hace el compresor de un frigorífico. Las dos correcciones están abajo, y las dos se pueden mover.

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    Por qué la cifra de la caja no es la cifra que se obtiene

    La capacidad de una estación se mide en la batería. Todo lo que se enchufa en una toma Schuko pasa antes por el inversor, y esa conversión no sale gratis. Los fabricantes casi nunca publican un rendimiento, así que esta calculadora parte de un 85 % para las cargas de corriente alterna y permite moverlo. Alimentar un portátil o un móvil por los puertos USB-C se salta el inversor por completo, y esa es la razón de que las tomas de corriente continua estiren la batería bastante más que los enchufes.

    Para hacerse una idea del tamaño de esta corrección: en un equipo de la clase de dos kilovatios hora, la diferencia entre suponer un 95 % y suponer un 80 % son varias horas de frigorífico.

    El ciclo del compresor, y por qué manda en la cuenta del frigorífico

    Un frigorífico no consume su potencia de funcionamiento de forma continua. El compresor funciona hasta que el interior alcanza la temperatura, para, y vuelve a arrancar cuando se desvía. A lo largo de un día, un frigorífico razonablemente lleno en una habitación normal pasa alrededor de un tercio del tiempo consumiendo de verdad, y por eso el control de proporción arranca en el 35 % para ese aparato.

    Esta única hipótesis mueve la estimación de un frigorífico más que ninguna otra cosa de la aritmética. Tratado como una carga continua, parece que vacía un equipo de un kilovatio hora en una tarde. El mismo frigorífico a un tercio de proporción aguanta buena parte de un día. Ninguna de las dos cifras está mal: responden a preguntas distintas, y lo honesto es enseñar cuál se ha hecho.

    Dos cosas empujan hacia arriba la proporción real: una cocina caliente y una puerta que se abre sin parar. En verano, con la casa a treinta y tantos grados, esa proporción sube de manera apreciable. Durante un corte, lo mejor es no abrir.

    Qué se deja fuera esta aritmética

    El resultado es un orden de magnitud, no una garantía. Hay tres cosas que lo mueven de manera especial.

    • El pico de arranque. Un compresor o una bomba consumen varias veces su potencia de funcionamiento durante una fracción de segundo al arrancar. Un equipo cuya potencia continua cubre por los pelos la cifra de funcionamiento puede saltar igualmente. Para eso existen las cifras de pico.
    • El frío. Las celdas de litio ferrofosfato entregan menos capacidad con frío, y la mayoría de los equipos se niegan directamente a cargar por debajo de cero grados. Un corte de luz en una casa de montaña en invierno es el peor caso para ambas cosas.
    • La edad. Las cifras de ciclos se declaran hasta un porcentaje de la capacidad original, normalmente el 80 %, a veces el 70 %. Un equipo al final de su vida declarada está cumpliendo su especificación mientras entrega bastante menos que el primer día.

    Antes de decidir una compra por una cifra de aquí, conviene leer la placa de características del aparato que se tiene en casa. Las potencias que ofrece el menú son puntos de partida habituales, no mediciones del equipo de nadie.

    Qué hacer con el resultado

    Si el número que sale es holgado, sobra margen para el frío y para el envejecimiento, y se puede bajar de tamaño. Si sale justo, no conviene apurar: una estimación ajustada al límite se convierte en un equipo vacío a las cuatro de la mañana. Y si el aviso indica que la carga supera la potencia continua, ninguna capacidad arregla eso, hay que subir de categoría.

    Con ese tamaño en la mano, las comparativas sirven para elegir entre dos candidatos concretos y la página de aparatos para ver cómo se comporta cada carga habitual.

    Preguntas frecuentes

    ¿Por qué no usar directamente la tabla de autonomías del fabricante?

    Porque esas tablas casi nunca dicen de qué parten. Una marca que anuncia horas de frigorífico ha elegido un rendimiento y una proporción de funcionamiento para llegar a esa cifra, y sin saber cuáles, el número no se puede comparar con el de la competencia. Enseñar las dos hipótesis en pantalla es justamente lo que hace esta herramienta.

    ¿Mejor enchufar el aparato a la toma Schuko o a los puertos USB?

    Todo lo que pueda funcionar en corriente continua debería hacerlo. Móviles, tabletas, frontales y la mayoría de los portátiles cargan por USB-C sin despertar al inversor, lo que elimina la pérdida de conversión y el consumo en vacío del propio inversor. Los enchufes conviene reservarlos para lo que de verdad necesita 230 V.

    ¿Dejar el equipo encendido consume algo?

    Sí. Un inversor activo sin nada enchufado sigue consumiendo unos vatios solo por estar listo. En un corte largo ese consumo en vacío no es despreciable, y por eso muchos equipos permiten apagar la parte de corriente alterna por separado y algunos la apagan solos tras un rato sin carga.

    ¿Son fiables las potencias del menú de aparatos?

    Conviene tomarlas como puntos de partida. El consumo de un electrodoméstico varía mucho según el tamaño, la antigüedad y la clase energética, y un arcón congelador de hace una década tiene poco que ver con uno actual. La placa de la parte trasera del aparato da la cifra que se aplica en cada caso.

    ¿Sirve este cálculo para un aire acondicionado portátil?

    Sirve, pero el resultado suele desanimar. Un aire acondicionado portátil junta las dos cosas que peor le sientan a una batería: mucha potencia y muchas horas seguidas. Además su compresor arranca con un pico que puede tumbar un equipo cuya potencia continua parecía suficiente. Antes de mirar la autonomía hay que comprobar que la potencia continua cubre el aparato con margen.